Sé que todos tenemos nuestra media naranja. En algún lugar del mundo se encuentra esa persona que nació para encontarnos. Y que nacimos para encontrarla. Eso es así, aunque la vida muchas veces se empeñe en que no coincidamos.
Pienso en mi alma gemela. Existe, lo sé. Sé que podríamos hacer todas esas cosas juntos: montarnos en autobuses, coger aviones, navegar, recorrer senderos y cruzar montañas. Sé que me ayudaría a recordar películas y libros, que me entendería sólo con la mirada, que muchas veces arrancaríamos a hablar los dos a la vez, casualmente de lo mismo.
Sé que me dejaría dormir por las noches, y que despertaría mi sexo al amanecer, que es cuando más me gusta.
Sé que nos reiríamos hasta reventar de tonterías, y que lloraríamos juntos por el mismo dolor.
Mi alma gemela existe, lo sé. Pero pasa que siempre que me choco con mi media naranja, se hizo zumo, que alegremente se está bebiendo otra.
Salud.
(Imagen de internet)
Un sitio donde ir poniendo mis pensamientos, sentimientos, mis relatos, ahora que estoy en esa edad que dicen que es la mitad de la vida.
GRACIAS
GRACIAS
A todos los que visitan Mi Rincón, me dejáis vuestros comentarios: ¡¡Gracias!!. No suelo contestar a vuestros comentarios en las entradas, así que quede aquí mi gratitud.
A todos los que visitan Mi Rincón, me dejáis vuestros comentarios: ¡¡Gracias!!. No suelo contestar a vuestros comentarios en las entradas, así que quede aquí mi gratitud.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
Evasión
Había llegado a la parada sin darse cuenta, casi sin querer. En realidad no sabía ni porqué se había subido. Quizá por inercia. Necesitaba pensar y extrañamente el autobús la invitaba a ello. Nadie con quien tener que hablar, sólo mirar distraída por la ventanilla. El autobús podía llegar a ser su refugio.
No podía dejar de pensar en él, en su particular refugio, donde tantas veces lo había visto evadirse también.
A él le gustaba sentarse en la zona del salón a la que llamaba cariñosamente "su biblioteca". No era en sí una biblioteca, pero era su espacio, donde tenía sus libros, los leídos mil veces, los empezado a leer otras tantas, los que jamás leería...
Cuando el día amanecía soleado, se colaban rayitos juguetones entre las láminas de las persianas, y a él le gustaba jugar con las formas que adquiría el humo de su cigarrillo, daba una gran calada y lo expulsaba fuerte, extasiándose con el juego sensual entre el humo, el sol y las motas de polvo.
Realmente no pensaba en nada, se dejaba ir... vagueando...
Exactamente así, lo acababa de dejar en esa tarde y como siempre no sabía cuando se produciría el siguiente encuentro. La vida se portaba así con ellos, nada de premeditaciones ni citas, dejarse llevar, como el humo de un cigarrillo.
No podía dejar de pensar en él, en su particular refugio, donde tantas veces lo había visto evadirse también.
A él le gustaba sentarse en la zona del salón a la que llamaba cariñosamente "su biblioteca". No era en sí una biblioteca, pero era su espacio, donde tenía sus libros, los leídos mil veces, los empezado a leer otras tantas, los que jamás leería...
Cuando el día amanecía soleado, se colaban rayitos juguetones entre las láminas de las persianas, y a él le gustaba jugar con las formas que adquiría el humo de su cigarrillo, daba una gran calada y lo expulsaba fuerte, extasiándose con el juego sensual entre el humo, el sol y las motas de polvo.
Realmente no pensaba en nada, se dejaba ir... vagueando...
Exactamente así, lo acababa de dejar en esa tarde y como siempre no sabía cuando se produciría el siguiente encuentro. La vida se portaba así con ellos, nada de premeditaciones ni citas, dejarse llevar, como el humo de un cigarrillo.
martes, 24 de agosto de 2010
El capítulo más hermoso de Rayuela.
Rayuela
Capítulo 7
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
lunes, 16 de agosto de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Limpieza
Últimamente ando tirando cosas. Cosas olvidadas y sin uso que se habían ido acumulando por estanterías, cajones, por sitios de mi casa. Pienso que quizá no sea el momento de hacer limpieza de inutilidades, que tal vez la primavera pueda provocar más ese afán anti-Diógones, ahora con este calor.... pero no puedo evitarlo, me choco con algún pequeño trasto y lo tiro a la basura sin ningún tipo de remordimiento.
Esto me hace pensar en qué fácil sería tirar a la basura, también, recuerdos indeseados, actos que nunca debieron de producirse, errores, meteduras de pata, daños, pero claro éstos no puedo tirarlos, la memoria se encarga de que no sea así.
Últimamente me vienen a la cabeza pequeños detalles, como flashes, de alguna escena vivida hace mucho tiempo. Algunas de mi niñez incluso. Escenas que no puedo poner en pié. Sólo me aperecen esos pequeños fotogramas de algo que realmente debería de haber olvidado.
Y esto me hace pensar en lo que dicen de los momentos previos a la muerte. Que cuando vamos a morir, nos aparece como si de una película se tratara, toda nuestra vida. No sé qué de verdad puede haber en esto. Pero no dejo de pensar si habrá una mágica relación en lo que me pasa con la muerte. No veo mi vida reflejada como en una moviola, sería entonces lo que dicen, que me estaría muriendo. Sólo son imágenes sueltas, que aperecen en los momentos del día más insospechados. Quizá sea sólo un aviso. Al fin y al cabo todos moriremos.
Cada vez que recuerdo sin querer, esas pequeñas escenas, pienso en mi muerte y realmente no la veo tan lejana.
Pero claro, automáticamente me consuelo, será que con la edad se refrescan los recuerdos. Será eso.
Esto me hace pensar en qué fácil sería tirar a la basura, también, recuerdos indeseados, actos que nunca debieron de producirse, errores, meteduras de pata, daños, pero claro éstos no puedo tirarlos, la memoria se encarga de que no sea así.
Últimamente me vienen a la cabeza pequeños detalles, como flashes, de alguna escena vivida hace mucho tiempo. Algunas de mi niñez incluso. Escenas que no puedo poner en pié. Sólo me aperecen esos pequeños fotogramas de algo que realmente debería de haber olvidado.
Y esto me hace pensar en lo que dicen de los momentos previos a la muerte. Que cuando vamos a morir, nos aparece como si de una película se tratara, toda nuestra vida. No sé qué de verdad puede haber en esto. Pero no dejo de pensar si habrá una mágica relación en lo que me pasa con la muerte. No veo mi vida reflejada como en una moviola, sería entonces lo que dicen, que me estaría muriendo. Sólo son imágenes sueltas, que aperecen en los momentos del día más insospechados. Quizá sea sólo un aviso. Al fin y al cabo todos moriremos.
Cada vez que recuerdo sin querer, esas pequeñas escenas, pienso en mi muerte y realmente no la veo tan lejana.
Pero claro, automáticamente me consuelo, será que con la edad se refrescan los recuerdos. Será eso.
lunes, 19 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
El reinito
Érase una vez un reino entre dos mundos. Por el Norte arrastraba un montón de otros países y otros reinos. Por el Sur estaba separado únicamente por una especie de río que lo aislaba de territorios exóticos y menos explorados. Nuestro reino vivía momentos felices. Sus reyes acababan de desposarse. Habían celebrado la boda por todo lo alto. El rey era querido por el pueblo y aunque la princesa no era de sangre azul también se sentía querida. Tal era la simpatía que despertaba. En nuestro reino los reyes reinaban pero no gobernaban. La Asamblea de Sabias, en la que a los hombres se les prohibía su participación, era el Órgano de Gobierno. Las Sabias, ayudadas a veces por el Comité de Ancianos, otras asesoradas por las Brigadas de Magas, o por las Asociaciones de Entendidos, dictaban las leyes, ordenaban las cuestiones de palacio y recaudaban los impuestos. Las Sabias que integraban la Asamblea eran elegidas democráticamente cada ocho años por todos los habitantes de nuestro reino. Todo muy moderno.
Una mañana muy temprano, las Sabias fueron convocadas con urgencia por la Sabia Superior. Ésta había recibido un fax inquietante. Lo remitía la Comisión Internacional de Soberanos en Ejercicio. El fax aludía a la próxima visita a nuestro reino, de las principales cabezas coronadas del resto del mundo al que quisiera o no, pertenecía nuestro reinito. Lo inquietante del fax no era el anuncio de la visita de tan ilustres invitados, sino de la cuestión a tratar en tan magna reunión: Se iba a decidir cuál sería en el futuro el criterio para nombrar herederos. Hasta el momento, cada reino había adoptado su propio sistema. Para algunos el heredero era el primogénito nacido de los reyes. Para otros, si bien es verdad que era el caso más aislado, se elegía entre todos los hermanos, según iban demostrando sus aptitudes. Otros herederos eran designados por el rey personalmente. En nuestro reino el heredero era siempre el primer varón nacido, sin importar si era el primogénito o no. La Comisión Internacional de Soberanos en Ejercicio, había llegado a la conclusión de que era mejor que todos optaran por la misma fórmula para la cuestión de la sucesión, no era caso de que hubiera agravios comparativos.
La reunión se celebró sin complicaciones. Todos llegaron al acuerdo de cambiar las normas que tuvieran que cambiar. A partir de entonces y para todo el futuro que hubiera de venir, el primogénito sería el heredero, sin importar el sexo, eso sí demostrando su valía para tan alto cargo con estudios y la formación que recibirían de las distintas Comisiones Educadoras de Príncipes Herederos, las cuales ahora habrían de cambiar el nombre. Pasarían a llamarse Comisiones Educadoras de Principes/Princesas Herederos/Herederas. Claro está que esta nueva norma afectaría a los hijos que vinieran a nacer desde entonces, no así a los que ya habían sido nombrados herederos según las obsoletas reglas. La princesa de nuestro reino tenía mucha amistad con uno de los miembros de la Comisión Internacional de Soberanos en Ejercicio, que era justo el que había promovido la cuestión ya expuesta y de lo cual la había ido informando con anterioridad. Desde que se iniciaron las primeras disquisiciones en el seno de la Comisión, hasta que se rubricó, ratificó y publicó el consenso, había pasado más de un año. Y claro está, nuestra princesa se guardó muy, muy mucho de quedar embarazada. No fuera a ser que naciera una niña, y las costumbres de antes del cambio le impidieran reinar. Y sólo faltaba eso, con lo que duele una hija.
Una mañana muy temprano, las Sabias fueron convocadas con urgencia por la Sabia Superior. Ésta había recibido un fax inquietante. Lo remitía la Comisión Internacional de Soberanos en Ejercicio. El fax aludía a la próxima visita a nuestro reino, de las principales cabezas coronadas del resto del mundo al que quisiera o no, pertenecía nuestro reinito. Lo inquietante del fax no era el anuncio de la visita de tan ilustres invitados, sino de la cuestión a tratar en tan magna reunión: Se iba a decidir cuál sería en el futuro el criterio para nombrar herederos. Hasta el momento, cada reino había adoptado su propio sistema. Para algunos el heredero era el primogénito nacido de los reyes. Para otros, si bien es verdad que era el caso más aislado, se elegía entre todos los hermanos, según iban demostrando sus aptitudes. Otros herederos eran designados por el rey personalmente. En nuestro reino el heredero era siempre el primer varón nacido, sin importar si era el primogénito o no. La Comisión Internacional de Soberanos en Ejercicio, había llegado a la conclusión de que era mejor que todos optaran por la misma fórmula para la cuestión de la sucesión, no era caso de que hubiera agravios comparativos.
La reunión se celebró sin complicaciones. Todos llegaron al acuerdo de cambiar las normas que tuvieran que cambiar. A partir de entonces y para todo el futuro que hubiera de venir, el primogénito sería el heredero, sin importar el sexo, eso sí demostrando su valía para tan alto cargo con estudios y la formación que recibirían de las distintas Comisiones Educadoras de Príncipes Herederos, las cuales ahora habrían de cambiar el nombre. Pasarían a llamarse Comisiones Educadoras de Principes/Princesas Herederos/Herederas. Claro está que esta nueva norma afectaría a los hijos que vinieran a nacer desde entonces, no así a los que ya habían sido nombrados herederos según las obsoletas reglas. La princesa de nuestro reino tenía mucha amistad con uno de los miembros de la Comisión Internacional de Soberanos en Ejercicio, que era justo el que había promovido la cuestión ya expuesta y de lo cual la había ido informando con anterioridad. Desde que se iniciaron las primeras disquisiciones en el seno de la Comisión, hasta que se rubricó, ratificó y publicó el consenso, había pasado más de un año. Y claro está, nuestra princesa se guardó muy, muy mucho de quedar embarazada. No fuera a ser que naciera una niña, y las costumbres de antes del cambio le impidieran reinar. Y sólo faltaba eso, con lo que duele una hija.
viernes, 18 de junio de 2010
Saramago y hasta pronto.
"El hombre que conduce la camioneta se llama Cipriano Algor, es alfarero de profesión y tiene sesenta y cuatro años, aunque a simple vista aparenta menos edad. El hombre que está sentado a su lado es su yerno, se llama Marcial Gacho, y todavía no ha llegado a los treinta. De todos modos, con la cara que tiene, nadie le echaría tantos. Como ya se habrá reparado, tanto uno como otro llevan pegados al nombre propio unos apellidos insólitos cuyo origen, significado y motivo desconocen."
Así comienza La Caverna.
Lo tenía en la pila de "los por leer" y mi pequeño homenaje será sin duda leerlo en la playa. Me suelo llevar más libros que "modelitos", y me doy la panzá del año leyendo y releyendo.
No tengo internet en la playa, bueno, salvo que entre en un ciber, cosa que me niego en rotundo. Así que desconectada de la red, y conectada al papel.
Espero encontraros por aquí a la vuelta, y si así no fuera, que sea porque estáis de vacaciones, o por cuestiones SIEMPRE agradables.
Buen verano a todos y muchísimos besos.
Así comienza La Caverna.
Lo tenía en la pila de "los por leer" y mi pequeño homenaje será sin duda leerlo en la playa. Me suelo llevar más libros que "modelitos", y me doy la panzá del año leyendo y releyendo.
No tengo internet en la playa, bueno, salvo que entre en un ciber, cosa que me niego en rotundo. Así que desconectada de la red, y conectada al papel.
Espero encontraros por aquí a la vuelta, y si así no fuera, que sea porque estáis de vacaciones, o por cuestiones SIEMPRE agradables.
Buen verano a todos y muchísimos besos.
domingo, 6 de junio de 2010
viernes, 4 de junio de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Diluvio
Una mañana se hizo de noche de repente. Un cielo de color plomizo se instaló sobre el lugar. Llovió durante días. El agua fue subiendo de nivel, arrasándolo todo. Una maldición de culebras y sapos se cernía sobre sus cabezas. Un mar de agua dulce caído del cielo. Un cielo opaco y triste que no consentía que asomara el sol. De nada servían las oraciones, ni los ruegos del brujo de la colina, al que acudían los lugareños para que ejerciera sus poderes. Al décimo día escampó. Y las aguas fueron bajando, dejando paso al lodo pestilente y atroz.
Cuando terminó el llanto que caía del cielo, los supervivientes comenzaron su tarea de enterrar muertos. Los columbarios repletos de escamas de peces de colores que habían subido con las aguas. Ni rastro de los jarrones con flores que mantenían frescas los familiares de los muertos. Se preguntaban el porqué de todo aquello. No podían imaginar que sólo era para que alguien, como tú, lo leyera.
jueves, 20 de mayo de 2010
Nostalgia
El viaje siempre lo hacíamos en verano. Cuando llegaba Agosto, nos mudábamos del calor de Sevilla al otro calor. El tren resultaba siempre una aventura. Para nosotros, que éramos pequeños, todo podía llegar a ser fantástico. Recuerdo por ejemplo, que esperábamos con expectación el gran toro de Osborne asomarse por la ventanilla, y eso era más emocionante que el resto de las horas viendo paisaje, los ocres de Andalucía, los riscos de Despeñaperros, los túneles...
La llegada al pueblo era maravillosa. Ya antes de llegar a la casa de mi tía-abuela, nos habían saludado por la calle. Las gentes del pueblo nos conocían de los otros años y se mostraban tan cariñosos como si de alguien de su familia se tratara. "¡Pero qué grande están los chicos!", exclamaban. A mi verdaderamente me sobraba el plural, porque el grande era mi hermano, yo siempre pequé de chiquitita.
Y por fín la plaza, los soportales, el Corral de Comedias, todos los recuerdos de otros años se volvían a plasmar en mi retina infantil. Y volvían los olores a mosto, a pan, a las migas, olía, sentía en mi piel, me zambullía en su luz, por fin Almagro.
Y la casa. Un gran patio de piedrecitas. Algunos vecinos. Una tienda que olía a gloria. Por la tarde nos sentábamos en el patio. Y yo me quedaba embobada escuchando los recuerdos de mi madre. Las anécdotas, el repaso, en el buen sentido, a los familiares, se solían repetir año tras año, pero no me importaba, siempre escuchaba con toda la atención, por un momento yo formaba parte del pasado, de la infancia de mi madre, podía viajar en el tiempo a través de ella.
Los días iban pasando tranquilos, larguísimos. La infancia alarga las horas. Cada día podían ser como dos o tres de ahora. Días completos en un sólo día completo, parenteseados por las horas de las comidas.
Al fin llegaba el momento de visitar a mi tía Nieves. Ella vivía con su marido y sus hijos en el campo. Cerca de Almagro, un pueblo pequeñito que se llama Bolaños. El campo lo cultivaba la familia. Todos trabajaban la tierra. Y nosotros, mi hermano y yo, también. Nos decían como teníamos que recoger las patatas y nos embarrábamos con gusto con el agua que servía para regar.
La única niña era yo, y me mimaban. Me paseaban en el trillo, y yo me sentía feliz. Descubrí la dureza del campo en las manos de mis primos que aún siendo de niños como nosotros ya calleaban. Detrás de la dulzura inmensa con la que acariciaban mi cara había aspereza de piel, manos endurecidas por el trabajo y yo me sentía, quizá insensatamente, un poquito privilegiada por ser de ciudad. No olvidaré nunca aquellas manos y aquellos hombres, ni los ojos verdes de mi tía.
-¡No vale tirar piedras!- No creía que fuera justo. Nos teníamos que encontrar sin trampas. Buceando por las hojas, rastreando, afinando bien el oído, hasta la respiración se podía oir con un poco de atención. Los maizales nos subían en altura, y era el sitio perfecto para escondernos. Una isla verde y ocre en el campo donde desaparecer.
El calor mesetario, la chicharra, la tierra...
La llegada al pueblo era maravillosa. Ya antes de llegar a la casa de mi tía-abuela, nos habían saludado por la calle. Las gentes del pueblo nos conocían de los otros años y se mostraban tan cariñosos como si de alguien de su familia se tratara. "¡Pero qué grande están los chicos!", exclamaban. A mi verdaderamente me sobraba el plural, porque el grande era mi hermano, yo siempre pequé de chiquitita.
Y por fín la plaza, los soportales, el Corral de Comedias, todos los recuerdos de otros años se volvían a plasmar en mi retina infantil. Y volvían los olores a mosto, a pan, a las migas, olía, sentía en mi piel, me zambullía en su luz, por fin Almagro.
Y la casa. Un gran patio de piedrecitas. Algunos vecinos. Una tienda que olía a gloria. Por la tarde nos sentábamos en el patio. Y yo me quedaba embobada escuchando los recuerdos de mi madre. Las anécdotas, el repaso, en el buen sentido, a los familiares, se solían repetir año tras año, pero no me importaba, siempre escuchaba con toda la atención, por un momento yo formaba parte del pasado, de la infancia de mi madre, podía viajar en el tiempo a través de ella.
Los días iban pasando tranquilos, larguísimos. La infancia alarga las horas. Cada día podían ser como dos o tres de ahora. Días completos en un sólo día completo, parenteseados por las horas de las comidas.
Al fin llegaba el momento de visitar a mi tía Nieves. Ella vivía con su marido y sus hijos en el campo. Cerca de Almagro, un pueblo pequeñito que se llama Bolaños. El campo lo cultivaba la familia. Todos trabajaban la tierra. Y nosotros, mi hermano y yo, también. Nos decían como teníamos que recoger las patatas y nos embarrábamos con gusto con el agua que servía para regar.
La única niña era yo, y me mimaban. Me paseaban en el trillo, y yo me sentía feliz. Descubrí la dureza del campo en las manos de mis primos que aún siendo de niños como nosotros ya calleaban. Detrás de la dulzura inmensa con la que acariciaban mi cara había aspereza de piel, manos endurecidas por el trabajo y yo me sentía, quizá insensatamente, un poquito privilegiada por ser de ciudad. No olvidaré nunca aquellas manos y aquellos hombres, ni los ojos verdes de mi tía.
-¡No vale tirar piedras!- No creía que fuera justo. Nos teníamos que encontrar sin trampas. Buceando por las hojas, rastreando, afinando bien el oído, hasta la respiración se podía oir con un poco de atención. Los maizales nos subían en altura, y era el sitio perfecto para escondernos. Una isla verde y ocre en el campo donde desaparecer.
El calor mesetario, la chicharra, la tierra...
jueves, 13 de mayo de 2010
Limonada
Inevitablemete el invierno se iba instalando y casi sin permiso. Había estado lloviendo todo el día, y empezaba a hacer algo de frío. La lluvia que limpia las calles, los tejados, los toldos olvidados, también va limpiando y arrastrando las ganas al sumidero de la pereza. Elena se había instalado en el sofá, cobijándose con placer en su mantita de lana, buscando el calor que le proporcionaba. Sin querer se quedó dormida. Soñó con su infancia. Soñó con su abuelo, alto, rubio, cariñoso. Soñó con su pueblo, lo vió con total claridad, allí arriba, sobre la montaña, blanco, luminoso. El monte.. y olió en sus sueños la jara, el romero, la lavanda, aromas que nunca podría olvidar y que asociaba siempre a su niñez. Saboreó el refresco, de zumo de limones y muchísima azúcar, que su abuelo le preparaba para saciar su sed infantil. El tintineo de la cucharilla chocando con el cristal del vaso la despertó.
jueves, 6 de mayo de 2010
Shock
Cuando despertó habían pasado 17 días.
Había adelgazado 5 kilos.
En su pelo asomaba una raíz blanca de varios centímetros.
Se le habían secado las lágrimas.
Su corazón no soportaba más dolor y empezó a enfermar.
Cuando despertó, comprendió que no había sido un mal sueño.
La cruda realidad estaba ahí, golpeándole el alma a cada segundo. Había despertado y ya no quedaban paños calientes.
Una noche de fiesta, una disputa a las puertas de la discoteca, un navajazo certero directo al corazón.
Había adelgazado 5 kilos.
En su pelo asomaba una raíz blanca de varios centímetros.
Se le habían secado las lágrimas.
Su corazón no soportaba más dolor y empezó a enfermar.
Cuando despertó, comprendió que no había sido un mal sueño.
La cruda realidad estaba ahí, golpeándole el alma a cada segundo. Había despertado y ya no quedaban paños calientes.
Una noche de fiesta, una disputa a las puertas de la discoteca, un navajazo certero directo al corazón.
domingo, 2 de mayo de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
Cita a ciegas (Epílogo)
No hay Epílogo, sorry. No tengo ni idea qué pasó con los protagonistas, no los volví a ver. Si algún día me los encuentro entre mis pobres y cansadas neuronas podré contaros algo.
Me he divertido muchísimo con esta entrada en tres capítulos, con sus pausas. Soy consciente de que no es de una calidad literaria para tirar cohetes, pero "ni falta que me importa". Me lo pasé genial.
Pero si me divertí (saltándome TOOOODAS mis normas) escribiendo esta semana esta pamplina, más me he divertido con vuestros comentarios. Ese club de fans rogando continuación, ha sido genial!!!
Especial mención a Pitufina (mi hija) a la que aguanté estoicamente, persiguiéndome por la casa para que le adelantara algo más de la historieta.
Bienvenidos a los nuevos. Gracias a los que me hacéis reir con vuestros comentarios. Gracias a todos.
(continuará)
que no que es bromaaaaaaaaa
Me he divertido muchísimo con esta entrada en tres capítulos, con sus pausas. Soy consciente de que no es de una calidad literaria para tirar cohetes, pero "ni falta que me importa". Me lo pasé genial.
Pero si me divertí (saltándome TOOOODAS mis normas) escribiendo esta semana esta pamplina, más me he divertido con vuestros comentarios. Ese club de fans rogando continuación, ha sido genial!!!
Especial mención a Pitufina (mi hija) a la que aguanté estoicamente, persiguiéndome por la casa para que le adelantara algo más de la historieta.
Bienvenidos a los nuevos. Gracias a los que me hacéis reir con vuestros comentarios. Gracias a todos.
(continuará)
que no que es bromaaaaaaaaa
jueves, 29 de abril de 2010
Cita a ciegas (y III)
Se arregló nerviosa. Una cita que no era su cita. Un hombre al que no conocía, ni siquiera había hablado con él. ¿Qué pensaría él cuando la viera, si realmente esperaba a una mujer más joven?. Que le habían mentido, claro, pero no era así. Nadie le había mentido en realidad. Tan sólo que no era realmente quién él esperaba. La verdadera Elena estaría en la barra, tomando café y fumando desesperadamente. Rosa no sabía como iba a acabar todo eso. Pero era a la vez excitante.
Cuando Rosa llegó al bar, su compañera ya estaba allí. Le dijo cómo iría vestido él para reconocerlo con más seguridad, aunque ella tenía su cara grabada en su mente. Rosa se sentó con el gin-tonic en una mesa en un rincón del bar. Al poco rato entró Juan. Llevaba, como había anunciado unos pantalones de pana claros y un jersey azul marino. Era muy atractivo. De estatura normal, no muy alto pero tampoco bajo, se conservaba en forma. Anchas espaldas y un pelo negro que empezaba a dibujar algunas entradas.
Rosa se convenció de que aquello era una locura. Habría bastado con que su amiga, simplemente lo observara y si era el que creía, presentarse y si no, largarse. Pero ya era tarde, el hombre estaba allí mirando para todos lados, y ella empezó a agradecer, en su interior, lo que estaba ocurriendo, le parecía muy interesante y por un momento le asaltó el deseo. Hacía tiempo que no estaba con ningún hombre.
Cogió su vaso largo y se acercó a él. -¿Juan?, le preguntó. Él asintió con la cabeza un poco extrañado. -Hola, soy Rosa. Bueno, Elena en el chat.- Se saludaron con dos besos y los dos comprobaron que olían muy bien. Al principio las típicas frases sin interés. Pero a medida que iban hablando se fueron sincerando. Juan le contó que era periodista, que le iba bien en la revista en la que trabajaba. Era soltero y vivía sólo. Le habló de su infancia en un colegio interno al que su madre que era soltera, lo tuvo que ingresar porque no podía cuidar de él. Que de niño quiso ser militar, concretamente de la Armada, pero que descubrió que no podría navegar nunca porque le tenía pánico al agua. Contradicciones de la vida. Rosa lo miraba atenta. También ella le habló de su vida. Que tenía tres hijos, mayores que vivían con su padre. Poco a poco se fueron encontrando a gusto con la charla. Elena lo advirtió y decidió que era el momento de hacer mutis por el foro. La tarde pasó volando. Se entendían bien, y la diferencia de edad no parecía ser un inconveniente. Juan se encontraba a gusto y pareció que no le daba importancia al hecho de que en teoría ella le habría mentido. Se dispusieron a salir del café. Habían quedado para verse otro día. ....
Ya estaban despidiéndose cuando a Rosa le dió un vuelco el corazón: -Hoy voy a pensar en tí, como si fueras la única mujer en el mundo y yo un capitán que tuviera que salvarte del naufragio- Le susurró Juan. El piloto verde del taxi se acercaba. Rosa levantó el brazo para pararlo. Entró en el coche. Se había hecho de noche y empezaba a hacer frío.
Ya estaban despidiéndose cuando a Rosa le dió un vuelco el corazón: -Hoy voy a pensar en tí, como si fueras la única mujer en el mundo y yo un capitán que tuviera que salvarte del naufragio- Le susurró Juan. El piloto verde del taxi se acercaba. Rosa levantó el brazo para pararlo. Entró en el coche. Se había hecho de noche y empezaba a hacer frío.
miércoles, 28 de abril de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Cita a ciegas (II)
Aquello de chatear empezó a divertir a Juan. En sus ratos libres se dedicaba a su nuevo hobby y casi siempre se inventaba cosas. Mentía en su edad, mentía en su profesión, mentía en casi todo. Eso le divertía. Tenía mucho éxito con las mujeres, era joven y atractivo y realmente no necesitaba chatear para ligar, pero de vez en cuando quedaba con alguien. Una tarde había quedado con una mujer. Se llamaba Elena, era joven también y parecía muy decidida. No le había costado mucho esfuerzo convencerla para verse el sábado siguiente. La cita sería en el café que hay al lado de la cárcel. Esta vez no había mentido.
-Rosa, Rosa!!! espera.- Le gritó Elena casi en la puerta. -Espera, por favor. Tienes que hacerme un favor inmenso. Te lo agradeceré con lo que me pidas-. Dime Elena- le contestó Rosa, preparándose para cualquier cosa. Viniendo de Elena todo era posible. -Escucha, esta tarde he quedado con un chico del chat. Ya sabes. Me mandó una foto y no está mal. Es joven, unos treinta, moreno. Tiene unos ojos hermosos.- Se lo describía entre risas. Rosa también sonreía pero no sabía a qué venía todo eso. -Verás yo le hablé de mí tal como soy. Le dije la verdad. Pero ahora no quiero que me vea. Bueno sí quiero, pero no en la primera cita. Quiero estar segura de que él no me ha mentido. Al fin y al cabo la foto puede ser de otro. Me gusta muchísimo- Rosa la escuchaba y seguía sin comprender a dónde la llevaría todo eso. -¿Y?- le espetó. Me gustaría que fueras tú.- le contestó Elena. Rosa hizo un gesto como para indicarle que estaba loca, y se dió media vuelta. Elena la agarró por el brazo y con esa carita de ángel le explicó que sería sólo por esa vez, que ella estaría también en el bar y que si él era tal como le había dicho que haría acto de presencia, y bajo su responsabilidad lo explicaría todo.
Verdaderamente era una locura. Pero aceptó. Nunca se había podido resistir a Elena. Algunas veces pensaba que podría enamorarse de ella. Y por otra parte aquella aventura también la intrigaba. No había nada que perder, tan sólo unas horas de una tediosa tarde de sábado.
(Continuará)
lunes, 26 de abril de 2010
domingo, 25 de abril de 2010
Cita a ciegas (I)
Rosa se miraba en el espejo absorta. Aquella luz que entraba por la ventana provocaba, en su imagen reflejada, unos contrastes que la hacían aún más bella. Mientras terminaba de recogerse su cabello claro, pensaba en todo lo que había transcurrido la noche anterior. Un regusto amargo la asaltaba por momentos. Su vida no había sido fácil. Su matrimonio había fracasado hacía ya tiempo, y ahora en la madurez de su vida se enfrentaba por enésima vez a la soledad. La noche anterior había terminado con su último romance. Todo había resultado fríamente civilizado. Ninguna lágrima por parte de las dos. Cristina le había dicho sinceramente que ya no la quería y que había conocido a otra chica, casualmente más joven. Rosa pensó que acababa lo que quizá nunca debería haber comenzado. Terminó de vestirse con la chaqueta. Estaba guapa, un poco triste quizá.
Recordó que tenía que llamar a su madre durante la mañana. Había quedado con ella para comer, pero no estaba de humor. Lo mejor sería dejarlo para otro día.
Con las llaves en la mano, dispuesta ya para salir sonó el teléfono. Era otra vez aquella llamada anónima. Desde un tiempo atrás estaba siendo molestada por un hombre al teléfono. Se limitaba a preguntarle cómo estaba, no decía nada grosero, pero no se identificaba. -Diga?- al otro lado se escuchó la voz que ya empezaba a resultarle familiar - Buenos días, muñeca- le contestó el hombre poniendo un tono suave, como de amante. -Espero que el día te resulte excepcional, todos los días deberían serlo-, había añadido. - Hoy voy a pensar en tí, como si fueras la única mujer en el mundo y yo un capitán que tuviera que salvarte del naufragio. Rosa colgó de un golpetazo. No quería seguir escuchando. El tipo empezaba siempre con esas frases. No la inquietaba demasiado, alguien muy aburrido que cogió mi número para distraerse, pensaba.
viernes, 16 de abril de 2010
Un Deseo
-Imposible, estoy soñando
Se frotaba los ojos una y otra vez, miraba a un lado y a otro, alucinado. No podía ser, aquello sólo pasaba en los cuentos. El Genio le sonreía, tan sólo unos minutos antes le había ofrecido Un Deseo. Sólo Uno.
La escena se había desarrollado hacía muchos, muchos años, cuando Alfredito era sólo un niño.
Alfredito guardó el secreto. Jamás habló a nadie del Genio y de su Regalo.
El tiempo fue pasando inexorablemente, y Alfredo no se atrevía a desear nada. No quería gastar su Deseo.
Cuando su padre les abandonó, podía haber deseado que volviera, pero no lo hizo.
Cuando su madre enfermó, podía haber deseado que no muriera, pero no lo hizo.
Cuando se enamoró, podía haber deseado que ella le correspondiera, pero no lo hizo.
Cuando se casó sin amor, podía haber deseado que todo fuera distinto, pero tampoco lo hizo.
Y así, una y otra vez, a cada amarga ocasión que la vida le brindaba para gastar su Deseo, él se negaba.
Alfredo murió viejo y derrotado por una vida gris plomizo.
Y qué fácil hubiera sido pedir un único deseo: ser feliz, pero no lo hizo.
Se frotaba los ojos una y otra vez, miraba a un lado y a otro, alucinado. No podía ser, aquello sólo pasaba en los cuentos. El Genio le sonreía, tan sólo unos minutos antes le había ofrecido Un Deseo. Sólo Uno.
La escena se había desarrollado hacía muchos, muchos años, cuando Alfredito era sólo un niño.
Alfredito guardó el secreto. Jamás habló a nadie del Genio y de su Regalo.
El tiempo fue pasando inexorablemente, y Alfredo no se atrevía a desear nada. No quería gastar su Deseo.
Cuando su padre les abandonó, podía haber deseado que volviera, pero no lo hizo.
Cuando su madre enfermó, podía haber deseado que no muriera, pero no lo hizo.
Cuando se enamoró, podía haber deseado que ella le correspondiera, pero no lo hizo.
Cuando se casó sin amor, podía haber deseado que todo fuera distinto, pero tampoco lo hizo.
Y así, una y otra vez, a cada amarga ocasión que la vida le brindaba para gastar su Deseo, él se negaba.
Alfredo murió viejo y derrotado por una vida gris plomizo.
Y qué fácil hubiera sido pedir un único deseo: ser feliz, pero no lo hizo.
viernes, 9 de abril de 2010
Calores
Por suerte vivían cerca del mar. En un pueblo antaño de pescadores, y ahora sobreviviendo gracias al turismo.
Ella llevaba ya años con esa historia. De repente le faltaba el aire, empezaba a sudar incomprensiblemente, fuera la época del año que fuera. Se asfixiaba, sudaba y ya no podía estar en la casa ni menos aún en la cama.
Tenía que salir a la playa, a respirar aire libre, a que la brisa marina le frotara la cara. Se desabrochaba y se desesperaba por aquel maldito calor.Muchas veces todavía no había amanecido, pero daba igual la hora, había que salir a respirar.
Él la acompañaba siempre. Se abrigaba bien en invierno, para quitarse el frío que a ella le faltaba.
Y resignado pensaba que aquello debían ser gajes del oficio.
Ella llevaba ya años con esa historia. De repente le faltaba el aire, empezaba a sudar incomprensiblemente, fuera la época del año que fuera. Se asfixiaba, sudaba y ya no podía estar en la casa ni menos aún en la cama.
Tenía que salir a la playa, a respirar aire libre, a que la brisa marina le frotara la cara. Se desabrochaba y se desesperaba por aquel maldito calor.Muchas veces todavía no había amanecido, pero daba igual la hora, había que salir a respirar.
Él la acompañaba siempre. Se abrigaba bien en invierno, para quitarse el frío que a ella le faltaba.
Y resignado pensaba que aquello debían ser gajes del oficio.
lunes, 5 de abril de 2010
viernes, 26 de marzo de 2010
Viernes
Así empieza la canción Viernes, de Manolo García: "Como cada viernes
salgo a dar una vuelta.
A quemar la semana.
Y caminar a la deriva. Caminar.".............................
Yo no hago eso. Pero sí que voy a Caminar. Poquito equipaje, sólo lo justo. Mis botas. Mi mochila y muuucho tiempo y Kms. para pensar. Vuelvo al Camino en esta Semana de Pasión, esta vez por la Vía de la Plata y por tierras extremeñas.
Hacer el Camino, aunque sean sólo unas cuantas jornadas, te hace reflexionar, así que no sé qué pasará cuando vuelva.
Os echaré de menos.
Feliz Semana para todos, muchos besos y un bezo muy muy especial para quien ya sabe.
Ultreia!
domingo, 21 de marzo de 2010
Ikea
No voy jamás al IKea, salvo honrosas excepciones, acompañando a alguien. Pero no compro. Sin embargo me encantan sus anuncios. Sí, sí, lo confieso algunos anuncios me gustan muchísimo, no solo los del IKea. El último de la macrotienda me parece buenísimo. Y esta es la canción de los Ronaldos elegida para el spot. Espero que os guste tanto como a mí.
viernes, 19 de marzo de 2010
Duele
Hoy he visto, nuevamente, colinas vestidas de azul. Hoy he vuelto a ver encinas que me hieren. Hoy tengo instalado, nuevamente, el otoño, dentro, profundamente instalado. Hoy te vuelvo a recordar, caminante, a mi lado y duele. Hoy mi corazón no da su consentimiento ni para que un ápice de un nuevo amanecer pueda instalarse en él. Hoy el sol brilla, en todo su esplendor, pero para mí es la noche más amarga.
martes, 16 de marzo de 2010
A quien corresponda
Hoy me he saltado dos de mis normas, una publicar sin ser viernes. Otra la hice autocomentándome en Perdida.
Gracias a *Me* he logrado insertar un vídeo. Y gracias a Rampy he logrado que no se saliera de la pantalla. Hay partes de la letra de esa canción que las firmaría tal cual. Besossss.
A quien corrresponda:
viernes, 12 de marzo de 2010
Perdida
-"Desorientada de sus familiares, se encuentra en la caseta de información, una niña de tres añitos que dice llamarse Nerea. Lleva un bañador de color rosa y está un poco gordita. Rogamos a sus familiares pasen a recogerla"
Con esta forma tan sutil de decir que me había perdido, me anunciaban por los altavoces de la playa de Chipiona.
-Jopetas!! un poco gordita!! Qué pretenden estos mayores? tener una futura anoréxica en sus filas? deja que me cuenten esta anécdota una y mil veces y ya ... ya veréis... anoréxica del tirón. Espero que los de la guarde no se hayan enterao.
Para mí el día ha sido apasionante. Sí, sí, he pasao miedo, pero tb. ha sido divertido. Me recogió un señor mayor, de unos treinta años. Se formó un revuelo alrededor mío, y el señor mayor dijo que me llevaría a lo de información para que me anunciaran. Pensé automáticamente en un anuncio en la tele, pero no, sólo era por los altavoces... menos mal, que si es por la tele me ven los de la guarde fijo. Me trataron requetebién, todos muy preocupados por mí, y deseosos de que apareciera mi madre o mi padre a recogerme, que tenerse que quedar con una niña de tres años (en vías de la anorexia) no debe ser muy divertido que digamos. Estuve poco tiempo en la caseta de información, enseguida llegó mi madre. Cuando me vió empezó a llorar y a llorar, con hipo y todo, y me casi gritaba:
- Pero hijaaaaaa, dónde te metisteeeeeeeeee?????? menudo susto nos has dadoooooooooooo y tu abuelaaaaaaaaaa qué sustooooooooooo!!!! - y lloraba mucho.
Es raro, pensé que se alegraría de encontrarme, pero lloraba.
(El anuncio es totalmente verídico, lo escuché tal cual el verano pasado)
Con esta forma tan sutil de decir que me había perdido, me anunciaban por los altavoces de la playa de Chipiona.
-Jopetas!! un poco gordita!! Qué pretenden estos mayores? tener una futura anoréxica en sus filas? deja que me cuenten esta anécdota una y mil veces y ya ... ya veréis... anoréxica del tirón. Espero que los de la guarde no se hayan enterao.
Para mí el día ha sido apasionante. Sí, sí, he pasao miedo, pero tb. ha sido divertido. Me recogió un señor mayor, de unos treinta años. Se formó un revuelo alrededor mío, y el señor mayor dijo que me llevaría a lo de información para que me anunciaran. Pensé automáticamente en un anuncio en la tele, pero no, sólo era por los altavoces... menos mal, que si es por la tele me ven los de la guarde fijo. Me trataron requetebién, todos muy preocupados por mí, y deseosos de que apareciera mi madre o mi padre a recogerme, que tenerse que quedar con una niña de tres años (en vías de la anorexia) no debe ser muy divertido que digamos. Estuve poco tiempo en la caseta de información, enseguida llegó mi madre. Cuando me vió empezó a llorar y a llorar, con hipo y todo, y me casi gritaba:
- Pero hijaaaaaa, dónde te metisteeeeeeeeee?????? menudo susto nos has dadoooooooooooo y tu abuelaaaaaaaaaa qué sustooooooooooo!!!! - y lloraba mucho.
Es raro, pensé que se alegraría de encontrarme, pero lloraba.
(El anuncio es totalmente verídico, lo escuché tal cual el verano pasado)
viernes, 5 de marzo de 2010
Dormir mal.
-¿Qué planes tienes para esta noche?- Le preguntó la manta a la almohada.
-Aún no lo he pensado. Llevo muchas noches sin intervenir y no me gusta lo que está pasando.
La manta se desperezó e hizo un gesto como de no entender. Para ella que la cosa marchaba bien. Empezaba a hacer frío y ya se notaba necesaria. En cambio la almohada estaba preocupada. No le gustaban las noches de pesadillas. Había mucho movimiento, sobresaltos y se mojaba con las lágrimas. Pero tampoco le gustaba tener que actuar tantas veces. Al fin y al cabo no estaba ahí para eso. Pero más tarde o más temprano se conmovía.
La manta y algunas veces las sábanas, aunque éstas eran más ligeras de cascos, la animaban. Ciertamente ellas también pagaban el pato. No es grato sentir como te patean, te sacan de la cama y te dan tirones malhumorados en medio de la noche. Por fín, aquella noche y después de la ingenua pregunta de la manta, la almohada se decidió a actuar. Puso en marcha todos sus sensores, se concentró y como ella sabía hacer tan bien, le transmitió un sueño. Aquella noche su cabeza durmió plácidamente. Soñó dulces sueños. Y hubo paz en la cama. Todos agredecieron a la almohada, a la mañana siguiente, su intervención. Menos el edredón, tan duro de mollera que no terminaba de enterarse de nada.
viernes, 26 de febrero de 2010
Infancia
¡Por mí primero y por todos mis compañeros!
Rebañar el flan con los dedos
Arrancarle risas al llanto
Mamá ¡te quiero tanto!
Sana, sanita, culito de rana
Dormir como si no pasara nada
Hacer amigos
Jugar hasta reventar y sentir que no se ha jugado
Sentirse protegido
Pan con chocolate
Pelos revueltos, churretes
Vivir como si la vida no existiera
Como si el mundo no fuera con nosotros
Olvidar lo vivido
Despertar un día sin los juegos
Y sentir que la infancia ya se ha ido.
domingo, 21 de febrero de 2010
Un regalo
Javier Donde me pierdo y sueño ha tenido la gentileza de concederme este regalo que hago extensivo a él mismo, y a otros blogs que sigo, el premio conlleva decir siete cosas de uno mismo y regalarlo a otros siete blogs, dificil elección porque me encantais todos. Las siete cosas sobre mi: soy observadora, romántica, soñadora, perezosa, impaciente, intransigente, me gusta reir.
Mi regalo para:
Pecado Canarias
Laura
Otra
Laura
Firenze
Manuespada
Felipe
Susana
viernes, 12 de febrero de 2010
Perdido.
Como casi siempre la cosa no había ido demasiado bien. Había tocado en el puerto, en un garito de mala fama, donde sólo se reunían personajes de mal vivir y putas baratas. Como casi siempre había tocado para sí mismo, quizá ninguno de los presentes ni se habría dado cuenta de su presencia, ensarzados en sus charlas, risotadas y gritos, afanados en entenderse con los camareros, a los que pedían insistentemente más vino, más vino, más....
¿Qué le había llevado a aquella situación?. Había sido siempre un melómano, todo en su vida había sido música, su padre músico, su madre cantante, le habían inculcado el amor a ella. Pero no había tenido suerte, un jugueteo con las drogas, algún pérfido amor, devastador, mala suerte.
Ahora se conformaba con poder tocar en el garito y malvivir, pero siempre con la música pegada a cada poro de su piel. Como casi siempre volvía a casa sólo. Toda su vida había sido un buscador de sueños, de gente, de sensaciones, de experiencias, ahora no, ahora se dejaba arrastrar por la inercia de los días, sin más pretensiones. A veces pensaba que ya nada merecía la pena, sólo la música.
Cuando llegó a su habitación de alquiler, se tumbó en la cama, ya casi amanecía, y atrapó el sueño jugando, como de pequeño, con un mechón de su pelo, que aún conservaba largo y rizado.
viernes, 5 de febrero de 2010
Marcas
Nació con el ceño fruncido, todos lo achacaban al sufrimiento del parto, pobre de tanto empujar se le quedó la marca....
Después fue creciendo con el ceño fruncido, se lo achacaron a que no veía bien, así que su madre lo llevó al oculista. Le pusieron gafas, le taparon un ojo, como a los piratas de sus cuentos, algo totalmente icomprensible para su infantil entendedera, pero si veo bien...
En la foto que su madre tenía sobre el taquillón, sí, sí, a la entradita del piso, la foto de bodas de su niño, pues ahí seguía con el ceño fruncido, como si se estuviera arrepintiendo de la boda antes de haberse casado incluso. Demasiado orgullo para echarse atrás....
Cuando envejeció tenía tantas arrugas, tantos canales de años en su cara, que el ceño fruncido ya ni se notaba. Seguía sufriendo; sin ver bien; arrepintiéndose; en un vano intento de superar la vida.
viernes, 29 de enero de 2010
martes, 26 de enero de 2010
Apoyo a Mar
No se qué podría hacer, por lo pronto os dejo este enlace para que en lo posible apoyemos a Mar.
http://www.esferasdeluz.es/gentepato/
http://www.esferasdeluz.es/gentepato/
viernes, 22 de enero de 2010
Flechazo
El sol volvía a caer, como siempre tan deprisa. Se afanaba en voltear la Tierra, huyendo de esos paisajes tan trillados durante las casi dieciséis horas que duraba el día por entonces. Y se despedía, deprisa, como huyendo, temeroso de que alguien pudiera paralizarlo y le impidiera buscar otros horizontes, para seguir jugando a espantar la noche.
Era la hora más hermosa para estar en la playa. El sol, en su huída, olvidaba el oro que desparramaba casi sin darse cuenta por la arena, por la fachada del Santuario, que mágicamente se convertía en un cofrecito de bronce.
Para ella, el día empezaba justo ahí, a la caída del sol, el amanecer de todos, era en realidad el fin de su día.
Empezaba a refrescar, pero resistió un poco más en la playa. El sol ya se había ido completamente, pero todavía quedaban restos de su luz, acariciándolo todo.
Mientras caminaba de vuelta a casa, se cruzó con alguien. No se conocían absolutamente de nada, no habían coincidido nunca, no se reconocieron, pero al mirarse, cuando sus ojos se clavaron mutuamente, sintieron cómo habían estado amándose toda la vida.
Empezaba a refrescar, pero resistió un poco más en la playa. El sol ya se había ido completamente, pero todavía quedaban restos de su luz, acariciándolo todo.
Mientras caminaba de vuelta a casa, se cruzó con alguien. No se conocían absolutamente de nada, no habían coincidido nunca, no se reconocieron, pero al mirarse, cuando sus ojos se clavaron mutuamente, sintieron cómo habían estado amándose toda la vida.
sábado, 16 de enero de 2010
Sin título
Una lluvia invisible,
Una lluvia afilada y sin escrúpulo
que te hiere el alma.
Una tristeza interminable.
Un alma vacía
esclava del pasado.
Un dolor sin misericordia,
un sueño extraño :
Un pétreo castillo que se desmorona.
Una vida sin sentido
Una lluvia afilada y sin escrúpulo
que te hiere el alma.
Una tristeza interminable.
Un alma vacía
esclava del pasado.
Un dolor sin misericordia,
un sueño extraño :
Un pétreo castillo que se desmorona.
Una vida sin sentido
jueves, 7 de enero de 2010
Confianza
La pareja no era demasiado mayor, pero tampoco eran jóvenes. Quizás rondaban lo cincuenta. Bien vestidos. Elegantemente vestidos para una sevillana mañana de domingo.
Probablemente pensaban pasear por el Centro, después tal vez, de escuchar Misa en la Catedral.
Ella vestía un impecable traje de chaqueta marrón, blusa con lazada en tonos oro viejo, zapatos de medio tacón, muy limpios, bolso a juego, y llevaba el pelo que ya empezaba a platear, recogido con un elegantísimo estilo italiano. Muy bella.
Él la acompañaba en todo, en la pulcritud de sus zapatos, en la elegancia de su traje, y casualmente en ese oro viejo de su corbata.
Se veían como solemos decir con clase.
Ella vestía un impecable traje de chaqueta marrón, blusa con lazada en tonos oro viejo, zapatos de medio tacón, muy limpios, bolso a juego, y llevaba el pelo que ya empezaba a platear, recogido con un elegantísimo estilo italiano. Muy bella.
Él la acompañaba en todo, en la pulcritud de sus zapatos, en la elegancia de su traje, y casualmente en ese oro viejo de su corbata.
Se veían como solemos decir con clase.
Cuando subí al autobús, ya estaban sentados. Desde el primer momento me habían llamado la atención. Por su belleza, su serenidad, por todo lo que ya he descrito. Tomé asiento justo detrás de ellos y también pude comprobar lo bien perfumados que iban.
Hablaban pausadamente, bajito, casi susurrándose, así que no pude oir absolutamente nada de lo que se decían. ¿Harían planes para ese domingo? ¿Hablarían de sus hijos o de sus nietos? ¿Tendrían hijos o nietos?..
La película de mi ciudad iba proyectándose ante mis ojos. Gente en bici, gente andando, otros coches, semáforos, terrazas con veladores, todo se proyectaba a través de los fotogramas/ventanas del bus. Pero realmente lo que me absorbía era la pareja. Verdaderamente fascinantes para mí.
Cuando al fin llegamos a la última parada, se dispusieron para salir. Las manos de ellas eran preciosas. Manos maduras de mujer madura, uñas muy bien arregladas, y a la vez manos fuertes. Con una se agarraba a una barra del autobús para no perder el equilibrio mientras que con la otra, firmemente, ayudaba a su compañero a incorporarse.
Él se puso de pié, justo detrás de su mujer (hace tiempo que yo había decidido que eran matrimonio). Y con un gesto un poco torpe se asió a su brazo. Quise notar que el hecho de tocarla, de apoyarse en ella lo tranquilizaba. Y fue ahí, justo en ese preciso momento cuando empecé a darme cuenta de lo que realmente pasaba. Ella lo guió hasta la puerta de salida, con su cuerpo y sus piernas y sus pies le indicaba que había un escalón, que tendrían que bordear algo la parada para no entremezclarse con los que ya hacían cola para ese mismo autobús. Ella empezó a caminar con paso firme, y él, agarrado la seguía, sin miedo. Era evidente que confiaba en su lazarillo. ¿Podría ella también transmitirle los colores? ¿El ambiente? Seguramente que sí.
Desde su ceguera y a través de ella, iba a vivir una bonita mañana de domingo.
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domingo, 3 de enero de 2010
Buscándote
Hay un rincón en el cielo donde estás tú. Allá lejos, donde no abarca nadie, donde nada ni nadie puede husmear. Vuelo y viajo a través del espacio, buscándote, porque sé que estás tú, allí, en ese rinconcito de la nada. Hay una estrella amiga, que me hace guiños para que siga, para que no abandone, porque ella también sabe que estás tú y sabe que te busco. A veces, con un gesto de complicidad, me extiende un rayito, para que me pose, y me traslada sin esfuerzo hacia tu trocito de cielo, tan lejos.... pienso que no tengo tantas vidas para llegarte. Cuando te alcance, y ya seamos dos, romperé la armonía de tu soledad, de tu silencio, de tu lejanía, de tu oscuridad, y buscarás otro rincón en el cielo para instalarte, y yo sabré que estás y seguiré buscándote.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Fin de Año
“Se puso el disfraz, se paseó por el salón, subió hasta la azotea del cóctel y se lanzó al vacío.”
Cuando nació fue como una bendición para sus padres. Habían esperado mucho tiempo. La madre llegó a pensar que nunca quedaría embarazada. Pero al fin sucedió. Estaba embarazada y tendrían por fin un hijo. El padre era un hombre bueno, trabajador, y la llegada del bebé lo colmaba de felicidad. El niño era hermoso. Parecía sano.
Hasta los cuatro años creció como un niño normal. Era pelirrojo, tenía una ceja ligeramente puntiaguda, hacia arriba, que le impregnaba de un aire extraño, como el de aquellos personajes de películas de ciencia ficción venidos del espacio. Era extremadamente inteligente y taciturno. Poco a poco su madre se fue dando cuenta de que algo no iba bien. El niño no hablaba y se mostraba reacio a relacionarse con los demás niños. Prefería jugar sólo. Tenía muchos juguetes. Al ser único hijo se volcaban para que no le faltara de nada. Pero él siempre elegía para jugar aquél muñeco de capa roja y mono azul con esa gran "S" roja superpuesta sobre el pecho.
Cuando le llegó la hora de ir al colegio, pronto comprendieron que iba a ser una tarea imposible. No atendía. No hablaba. De vez en cuando gritaba hasta desgañitarse y habían de llamar a sus padres para que fueran a recogerlo. Con la única persona que parecía encontrarse calmado era con la madre. Era una mujer cariñosa, paciente que le transmitía la seguridad que a él parecía faltarle.
El diagnóstico no tardó mucho en llegar, su hijo era autista. Consultaron los mejores especialistas, se asociaron buscando consejo y protección y ayuda. Fueron criándolo como mejor pudieron. El niño crecía sano, pero nadie podría llegar a su alma. Fueron años difíciles. El padre casi no podía acercársele. Y los besos de la madre era la única señal de cariño que admitía, aunque ella se daba cuenta de que aún así, él se limpiaba la cara cuando lo besaba.
Cuando cumplió los diez años le regalaron el disfraz que tantas veces había acariciado en su muñeco. Se lo probó y ni siquiera por esa vez hizo muestras de algún tipo de sentimiento. Otro chiquillo hubiera dado saltos de alegría, sobretodo tratándose del auténtico disfraz de Superman. Pero lo aceptó y solía ponérselo de vez en cuando.
La tragedia se cernía sobre sus vidas. Una llamada corta. Unas carreras al hospital. Varios días en la UCI. La muerte del padre.
Para la mujer fue un golpe terrible. Amaba a su marido, y él era su consuelo cuando los problemas con el niño eran mayores. Pero el tiempo fue pasando y con él el dolor. Poco a poco fue enamorándose de nuevo. Era un compañero de la asociación a la que, ahora, acudía sola. El hombre tenía una niña con el mismo síntoma, pero vivía con su madre. Empezaron a salir y decidieron que podrían intentar vivir juntos.
Al muchachito no le notaban si aquello le agradaba o no, tal era su aislamiento. Tal vez se acercara un poco más a su madre, como intentando delimitar de alguna manera su propiedad. Su madre no se percataba pero cuando los veía juntos en sus ojos se atisbaba un alo de amargura, y alguna vez una lágrima. Llegó fin de año. Pronto el chico cumpliría doce, y aún conservaba su disfraz. La fiesta la celebrarían en casa. Invitaron a algunos amigos de trabajo, y la familia. Todos parecían felices, celebrando la entrada del nuevo año con los mejores deseos. Habían puesto música y charlaban. Algunos, más contentos quizás por el alcohol se atrevían a bailar. La casa tenía una azotea magnifica que habían cerrado años atrás con vidrieras, lo que la hacía incluso en invierno acogedora. También la ocupaban algunos invitados que preferían ver las vistas de la ciudad que en aquellos días brillaba y lucía como nunca.
Aquella noche el niño se mostró especialmente impertinente. No quería que nadie se acercara a su madre, y menos que nadie, su novio. Decidieron que lo mejor era acostarlo. Quizá un castigo tampoco le vendría mal.
Lo que se escuchó en la calle ya no eran los sonidos propios de los muchachos divertidos deseándose feliz año nuevo, ni era una algarabía natural del momento. Eran verdaderos gritos de horror. Los de la azotea miraron hacia abajo. No necesitaron abrir ningún ventanal corredizo para asomarse. Uno de ellos ya estaba abierto. Al fondo vieron, en el suelo, entre el elegantísimo público, un cuerpo de niño vestido de azul y una gran capa roja. Bajaron corriendo las escaleras. Cuando la madre llegó el niño tenía los ojos abiertos bajo sus extrañas cejas. Por un momento pareció que sonreía.
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martes, 8 de diciembre de 2009
El abrazo
Me abrazaste al despedirnos. Pero no fue el abrazo de un hasta pronto, realmente sentí que era un abrazo de despedida total. Me abrazaste fuerte, lentamente, y sentí que tu adiós era para siempre. Tantas idas y venidas, tantos desencuentros y encuentros, se resumen en un último abrazo, cálido, tierno, pero de un adiós infinito que hiela el alma.
Me atreví a preguntarte, incluso, si aquel abrazo era tal como yo lo había sentido, un abrazo de última palabra, de último encuentro, y aún diciéndome tú que no, estaba tan segura de que era como yo lo había sentido, que ni siquiera me molesté en discutir.
Tu último abrazo, resumen de tantos recibidos, el último abrazo total que cierra un círculo, ese círculo que se empeñó en rodearnos, en que nos encontráramos, tu último abrazo como la última voluntad de un amor difunto, un testamento de cuerpo contra cuerpo, de brazos que rodean, de un adiós oculto de tus manos en mi espalda.
Me abrazaste al despedirnos y sé que fue el último, tu último abrazo.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Hola
Bueno, pues ya tengo un blog, mira qué bien!! El primer paso está dado.. ya sólo queda ir rellenando, poco a poco...
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